Hay noches que se te escurren en las manos, deslizándose entre los dedos hasta gotear y empapar el suelo de noche, y la noche de día, y el día de noche.
Hay noches imposibles y días aún más quiméricos.
Hay noches en las que retrocedes, noches en las que avanzas y noches en las que no te mueves.
Y ahí estás tú. Sin saber bien si considerar la apuesta a estas alturas es casi una locura.
Tú y la noche. No hay nada más.
